UN BURKA CON AMOR, OTRA VISIÓN DE LA MODA

Aquí os dejo un texto escrito por una persona muy especial para mí. La que fue durante muchos años mi profesora de baile, al lado de la cual cumplí muchos sueños. Maria Elena

Le invité a Cibeles y me ha regalado este texto con su particular visión de ese día.

Gracias

Ya el vestíbulo es un espectáculo. Rebeca ha mandado a alguien a recogerme, pero mientras tanto espero, observando a los personajes de la obra. Un chico con pelo a lo Elvis y zapatos plateados de tacón pasa junto a mí, otro con falda, leggins y playeras entra en ese momento por la puerta, por la escalera suben dos chicas con boinas estilo pintor parisién…..ellos, con ademanes suaves y femeninos, ellas muy maquilladas  y con taconazo. Llega Sara, se presenta y subimos. Lo que más me apetece es deambular por ahí, empaparme del ambiente y, sobre todo, ver algún desfile. Pero ella me mete muy decidida en el backstage, en el interior del meollo. Inmediatamente cambio mi idea inicial. Prefiero eso. De la misma manera que cuando alguien de confianza me ha pedido ver un espectáculo mío y le he ofrecido estar entre bambalinas, Rebeca, como persona que ha bailado, sabe que en la “trastienda” voy a disfrutar más.  Llegamos al camerino de L’Oreal y la encuentro maquillando a una modelo de las guapas (también las hay que simplemente son altas), mientras una fotógrafa recoge el momento. Me llama la atención que haya cambiado su habitual recogido de trabajo por rizos al viento y labios rojos. Exigencias del guión.  Se me ocurre que ella debería tener a su vez a otra maquilladora detrás.  Cuando queda libre unos minutos damos una vuelta por el espacio abierto, y puedo ver a casi todos los visitantes, muy  jóvenes en su mayoría, preparados como si realmente esperaran para salir a escena, en este caso a la pasarela, en lugar de estar haciendo cola en un stand para recibir una revista gratis. Me da la sensación de que estos son los verdaderos protagonistas de la obra que empezó en el vestíbulo. Los modelos llegan, pasan la colección de turno y se van. Este público, vestido casi uniformemente, bulle por dentro. Estoy convencida de que todos tienen un mismo pensamiento: “Yo también podría ser modelo….quizá aún lo sea”. Mientras les observo pienso que lo que en realidad esperan no es una revista  de regalo, sino que alguién se fije en ellos hoy y les ofrezca lo que desde hace tiempo sueñan. De repente, movimiento de cámaras.  Llega Lomana rodeada de fotógrafos, posa un momento y entra en la zona de camerinos. Nosotras vamos también, se acabó el tiempo de descanso. Va a empezar el desfile de Agatha Ruiz de la Prada. Rebeca a lo suyo y yo a lo mío. Quiero un reportaje. Empiezo a grabar. Llega Agatha, veo algún famoso por ahí, las pocas personas que están en esa zona restringida al público graban, yo grabo, sale alguna modelo a medio preparar, todos graban, yo grabo, ponen la cinta separadora para que sólo los que están implicados en el desfile queden dentro de ella, el resto de la gente se pone detrás y graba desde ahí, yo grabo…Pero me quedo dentro de la cinta, apurando el tiempo en el ojo de la noticia antes de que alguien se acerque a pedirme amablemente que me coloque detrás, con el resto de los simplemente observadores. Sólo han quedado dentro Agatha, las peluqueras y los fotógrafos,  estos agachados a un lado. Las modelos están ya preparadas para salir. Yo sigo ahi, procurando no estorbar, pero de pie, casi en el medio, con mi móvil en alto. Nadie me dice nada. ¿Por qué? ¿Será porque voy de negro, el color de los que están entre bastidores? ¿Me toman quizá por fotógrafa  de una importante revista de moda? ¿O soy invisible por un día? Un misterio.  Empieza el desfile. Veo el interrogante en la mirada de todo el mundo….¿¿¿Para qué han maquillado a las modelos??? La peluqueras les cubren la cabeza con una especie de fashion burka. La rejilla de la cara tiene forma de corazón, el símbolo del amor, sello de las colecciones de esta diseñadora. Original y claustrofóbico.  En los vestidos mucho terciopelo y un toque de Alicia en el País de las Maravillas. Imaginativos, divertidos, poco prácticos y con encanto. Muy Agatha. Empieza el desfile, todo trepida, el ritmo de trabajo que el público no vé se me hace familiar, las modelos entran, salen, pasan por delante de la fila de peluqueras que las esperan subidas en sillas para poner y quitar burkas, trajes como disfraces infantiles pasan continuamente ante mí, y antes de que me dé cuenta todo ha terminado.  Se me hace corto. Nadie se acercó finalmente a invitarme a desaparecer. Mi reportaje es una pequeña joya. Lo remato grabando una aproximación al camerino donde están ya la diseñadora y las modelos. Empiezo a entrar y yo misma me detengo al ver que nadie lo hace. Ya está claro que hoy soy invisible y esto me parece abusar. Después de eso, a correr. Se me ha hecho tarde. En Cibeles parece como si el tiempo se detuviera, pero pasa igualmente. Me despido de Rebeca y de otras maquilladoras, salgo a la calle y veo allí el final de la obra. Por un lado, las modelos de los diferentes desfiles saliendo ya, con ropa cómoda y zapato plano, subiendo en los taxis de la entrada. Por otro, las enamoradas del mundo de la moda, engalanadas y con tacones, camino de la boca de metro. Como yo, por cierto. Aunque sin tacón.

 

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